Las bateas se han convertido en una parte imprescindible del paisaje gallego. Desde tierra parece una sucesión de estructuras de madera flotando, pero es bajo el agua donde se cría uno de los manjares más tìpicos de la zona. El mejillón gallego ostenta desde 2007 una Denominación de Origen Protegido (DOP), Mexillón de Galicia. En España solo hay tres productos del mar con DOP: el mejillón gallego, la melva y la caballa, ambas de Andalucía. 

El sistema de cría de moluscos en batea es simple pero de gran eficiencia. No fue hasta los años cuarenta del siglo XX cuando se instaló en Galicia, aunque antes se había probado en las costas de Cataluña. La batea es una estructura de madera, generalmente de eucalipto, de entre 100 y 500 metros cuadrados y que se mantiene en la superficie gracias a unos flotadores. De ahí cuelgan unas cuerdas (500 como máximo) a las que se adhieren las crías del mejillón y se cubren con una redecilla de algodón que se va desintegrando a medida que los moluscos crecen. La batea está anclada al fondo con grandes cadenas. Por último, para recolectar el producto, se deben recoger los cabos y separar los bibalvos. 

Ostras y vieiras en bateas  

Aunque es cierto que las bateas se asocian irremediablemente al mejillón, esta técnica también se utiliza para el cultivo de otros moluscos como la ostra y la vieira. En el caso de las ostras gallegas, la verdad es que cada vez es más complicado encontrarlas salvajes, por lo que se ha generalizado el cultivo en bateas. También gracias a esto, tenemos este producto todo el año en los mercados. 

Las rías baixas gallegas son ideales para la crianza de las ostras debido a la gran concentración de fitoplancton y zooplancton que existe en esas aguas. Este fenómeno marca la diferencia de calidad entre unos bivalvos y otros. La ostra de batea suele tardar un año en madurar y sale con una cocha más fuerte y una carne más resistente, lo que hace que aguante más tiempo, en torno a una semana, antes de que se eche a perder. Tras su proceso de depuración, ya está lista para su consumo. 

La vieira de batea también se está generalizando en los últimos años. Lo habitual es capturar a este molusco con un rastrillo en la arena, pero la evolución de las técnicas de cultivo provoca que haya más cantidad. La crianza de la vieira en las bateas, no obstante, es complicada, ya que las semillas no se fijan a las cuerdas de forma natural, como sí hace el mejillón, por lo que hay que atarlas de forma manual. También se pueden cultivar en unas bandejas especiales adosadas a la cuerda, un sistema que también sirve para la zamburiña o volandeira. Menos habitual es el engorde de la almeja en bateas, pero ya hay proyectos que lo están desarrollando. 

La gran demanda de ostras, zamburiñas y otros productos gallegos del mar provoca que la crianza de los bivalvos en bateas no se quede solo en el mejillón. Actualmente más de 3.400 estructuras de madera flotan en las rías gallegas, la mayoría de ellas (2.300) se ubican en la ría de Arousa. Vigo es el segundo criadero, pero muy lejos, con 483. La ría de Pontevedra se queda con 240 y y ya en la provincia de A Coruña, por Muros-Noia y Ares-Betanzos, se reparten el resto. Las bateas gallegas es una técnica que ha evolucionado poco desde su creación hace ya 80 años, pero ¿para qué cambiar lo que tan bien funciona?