El pescado fresco resulta sencillo de cocinar, fácil de digerir y puede incluirse en cualquier dieta. Es de conocimiento público que el pescado fresco resulta beneficioso para la salud: contiene proteínas y grasas de calidad, como las poliinsaturadas omega-3. Su valor nutricional apenas difiere del de la carne, y presenta una amplia gama de vitaminas esenciales (excepto la vitamina C) y minerales: yodo, hierro y fósforo.

¿Qué especies de pescado fresco y marisco pueden consumirse en enero?

Para gozar de salud, y bienestar físico y mental, es recomendable consumir tres porciones de pescado fresco a la semana durante todo el año. Siempre que sea posible, debe consumirse fresco antes que el congelado. Las especies de pescado fresco disponibles en enero son las siguientes:

  • Marisco: langosta rosa, camarón, cigala, berberecho, vieira, ostra, mejillón y pulpo.
  • Peces de mar: bacalao, besugo, fletán, liba, mero, palometa y tiburón.
  • Peces de río: angula, perca y lamprea.
  • Pescado de piscifactoría: lubina, salmón y trucha.

Aprende a elegir el pescado fresco

Nunca se mencionará lo suficiente: recuerda que el pescado es un alimento muy perecedero a temperatura ambiente, sobre todo en los meses calurosos, y sólo deben consumirse ejemplares en perfecto estado. El pescado fresco es el que se ha pescado unas horas antes, y se ha mantenido a una temperatura controlada (- 1, -2 ° C) para evitar el inicio del proceso natural de descomposición.

El pescado adquirido en tu pescadería online de confianza te aporta la trazabilidad del producto, procedencia y cómo se capturó, y la garantía de mantenimiento de la cadena del frío durante el transporte hasta tu casa.

Si eliges comprar en persona en una pescadería, te corresponde saber cómo distinguir los mejores ejemplares, y su estado. Para ello, sigue las siguientes pautas:

La pescadería debe mostrarse bien ordenada, con zonas diferenciadas dedicadas al producto descongelado, fresco y procesado. Los filetes nunca deben estar junto al pescado entero, con escamas, para evitar la contaminación.

Para evaluar la frescura del pescado, el olor que emana es sin duda el primer factor a evaluar. El pescado fresco debe tener un olor suave del mar, que suele permanecer hasta 24 horas desde su pesca. Con el paso del tiempo, el producto se vuelve inodoro, y después comienza a emitir olores característicos, causados por el entorno y el comienzo del deterioro.

La observación del cuerpo también determina la frescura. El pescado fresco debe tener carne firme: si se pulsa en el pescado con un dedo, cuando se retira, no debe retener la huella. También, si se intenta mantener el pescado en vertical, debe permanecer rígido sin hundirse.

El pescado fresco, a la vista, muestra una piel brillante con escamas de reflejos metálicos. Cuanto más tiempo pasa desde que la captura, la piel se torna opaca, hasta un tono gris con aspecto grasiento. Las agallas deben mostrar un color vivo. El ojo del pescado fresco resulta limpio, redondo y saltón: nunca debe ser hundido u opaco, ni cubierto por una pátina blanquecina.